Cuando estuvimos en Azpeitia visitamos el Museo Vasco de Ferrocarril, pero no pudimos montar en el tren de vapor, que hace un recorrido de 5 kilómetros. Así que aprovechando una excursión, esta vez sí montamos (a pesar de que hizo un típico día de lluvia, lluvia y más lluvia… pero como sólo habíamos contratado el sol hasta las 2…)

El viaje en tren fue divertido (atención: el carbón huele mucho…) y el cambio de vía fue toda una atracción, incluso a pesar de mojarnos un poco.

Para comer fuimos al restaurante Uranga, junto al santuario de Loyola. Sin duda, muy recomendable (no quedó constancia de los platos que comimos…) y sospechamos que acertadamente, nos ubicaron en un comedor donde todas las mesas tenían peques… con lo que pudieron moverse con cierta libertad una vez terminaron de comer.